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Poesía nevadense

De vez en cuando, nuestro querido y respetado Javi, jerezano de pro, nos manda algunas letrillas desde Dios sabe qué área de servicio europea (conduce un tráiler). Ahí van las últimas. No tienen precio:

 

 

El tiempo no se detendrá.

En manga corta voy, mientras paseo a pie de Sierra Nevada. Las noches en sus valles son frías, pero el día es tan caluroso que provoca un desconcertante contraste con mis sentimientos, que no son otros, que el de tener que estar ya disfrutando del invierno junto a las grandes cumbres, bajo la atenta mirada de sus paredes, donde cuelgan de éstas grandes lágrimas heladas y las cuales rápidamente, volverán a correr montaña abajo sin demora y con ellas, nuestro propósito de querer conquistarlas.
Cada vez es más corto el intervalo, entre ese otoño que tanto anhelamos y esa primavera que esperamos con recelo. No alberga éste, el tiempo suficiente para disfrutar de sus encantos aletargados por el frío, un frío el cual cada vez es más tímido. 
Llegará un momento, que el tiempo en las grandes cumbres jamás ya  se detendrá y esas heladas lágrimas, para siempre montaña abajo correrán.

Por ella renuncie.

Por ella a todo renuncie, amigos, familia, el trabajo, incluso mi querida tierra abandoné y toda una vida por verla día a día atrás dejé.
Recuerdo el primer día que la vi. Un mes de octubre fue...Una pequeña pincelada blanca, un trazo de luz en sus cumbres lucía, bien guapa me recibía la primera que vez que yo a mí Sierra Nevada veía.
Poco a poco y arropado por el verano, por sus veredas me empecé a perder, y ella siempre de sus encantos me dejó disfrutar sin obligarme a retroceder.
Llegó la estación que le da su auténtica belleza, el invierno, pero ojo, también es éste que la protege convirtiéndola en un gran infierno, pero algo en mi interior me decía que sin problemas subiría.
Al final me atreví y su intimidad invadí, la primera vez que con un gran manto de nieve por su barranco del Alhorí ascendí. Atónito me quedé, por la belleza con la que ante mí se mostró, siendo ese el día que con mi corazón para siempre la montaña se quedó.